Chile: no es una guerra, es exigir una sociedad más digna

Por Melania Leto y Sofía Llamedo

A principios de octubre se dio a conocer que la Red de Transporte Público Metropolitano aumentaría sus valores. Las movilizaciones de diferentes clases sociales se reunieron en las calles apuntando contra el gobierno y al sistema político. Al presidente chileno Sebastián Piñeira se le fue la situación de las manos y los medios desinforman al respecto y minimizan lo que sucede. El pueblo se puso de pie en el centro de Santiago de Chile en contra de las políticas del gobierno llevadas a cabo en los últimos años.

Las Fuerzas Armadas y los Carabineros tomaron las calles, según el Ministro de Seguridad Rodrigo Ubilla para “dar tranquilidad a distintas ciudades del país”. Según los medios oficiales son 23 los muertos hasta el momento,  según las redes sociales las cifras varían entre 28 y 60, y son 1.659 heridos en hospitales y 4.364 detenidos hasta el 4 de noviembre.

Tras 36 horas de violencia Piñeira dijo: “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni nadie, que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite”.

Esto no es por el aumento al pasaje. Es la gota que rebalsó el vaso”, se lee en los carteles de los manifestantes chilenos. A partir de esto, el gobierno anunció el 18 de octubre un toque de queda que rige desde las 22 hasta las 4. Para ellos “el pueblo chileno está en guerra” cuando en realidad la sociedad está protestando con cacerolas y la respuesta del Estado son balas de goma,perdigones, gases lacrimógenos y carros lanza-aguas.

Las propuestas populares en contra de las políticas de derecha surgieron también, por las bajas pensiones, salud y educación privada, en decir, desigualdad social. A fines de octubre se levantó el toque de queda en diferentes ciudades del país pero ni las cámaras, ni el presidente, ni los empresarios reconocen el saqueo que comenzó hace ya un tiempo.

Una multitudinaria marcha con más de 1,2 millones de personas se concentraron el 5 de noviembre en el centro de la capital chilena de forma pacífica y alegre. Pese a esto, algunos grupos encapuchados provocaron disturbios y la policía aprovechó la situación. Entre los manifestantes se encontraban personas de diferentes clases sociales y edades con el fin de tener un país más digno.

El pueblo exige la renuncia del presidente Sebastián Piñeira y denuncian la existencia de una dictadura encubierta. Este miércoles las protestas se extendieron a los barrios más ricos de Santiago de Chile. Se produjeron una serie de barricadas, fogatas y saqueos. 

Debido al uso de medidas formuladas durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), como el estado de emergencia, toque de queda y torturas, Organizaciones de DDHH estudiarán las denuncias sobre vulneración a los derechos de los manifestantes que se movilizan desde el 18 de octubre. Además La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) solicitó autorización para visitar el país, tras las denuncias por el uso excesivo de las fuerzas de seguridad.

Hoy en día, se puede escuchar un grito por parte del pueblo por el derecho a la dignidad. Su única herramienta de lucha es el cuerpo como gesto de rebeldía ante un gobierno que pone armas en lugar de derechos e igualdad.

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