SOY GORDX

Por M. Lima Capitao y M. Herrera

Yo si quiero ir un sábado a la tarde a comprar ropa no encuentro talles, lo mismo si tengo una fiesta y necesito un vestido a último momento. Necesito proyectar con tiempo para comprarme ropa“, cuenta la modelo argentina plus size, Samanta Alonso. Aclara que hay una posición política de lo que se acepta y lo que no cuando en las marcas solo hay modelos heteronormadas o cuando el talle más grande es el 40. “Tenemos que repensar nuestros cuerpos, desde por qué tenemos problemas de autoestima, por qué odiamos nuestro cuerpo, y como no es casual sino que tiene que ver con un sistema que nos obliga y nos conduce a que la única forma de tener una vida posible es siendo flaca”, cuenta la activista gordx y creadora de Plus Doll Agency. 

En el caso del modelo plus size, Beltrán Horisberger, explicó que para él, en el modelaje se sintió interpelado por esa falta de representación de los cuerpos gordos en los medios, en lo mainstream. Su modelaje se concentró en eso, en empoderar su cuerpo, empoderar su palabra, “en mostrarme sin tapujos y darle esta representatividad a otres, que otras personas puedan sentirse identificadas no conmigo, sino con el cuerpo que yo habito”. 

El activismo gordo surgió en Estados Unidos en la década de los ´60, muchos de sus militantes eran feministas, lesbianas radicales, trans y queer que denunciaron la estigmatización de las personas gordas y la complicidad de la industria de la dieta y el saber/poder médico con la difusión de la obesidad como un peligro social. Según la investigadora mexicana Sarah Calderón Vargas, el activismo gordo latinoamericano se encuentra en desarrollo, fortaleciéndose en las redes sociales y grita: “Quiero que quede bien claro, no tengo sobrepeso, soy GORDA y quiero que se me note más de lo que ya se me nota”.

Los investigadores Laura Contrera y Nicolás Cuello dicen que en Argentina, este movimiento llegó en el 2011 como una herramienta de empoderamiento para todo aquel etiquetado como gordx por la sociedad occidental conforme los valores hegemónicos y capitalistas interiorizados. También han recuperado la potencia de la palabra gordo para autonombrarse, mutando el insulto en resistencia tal como lo han hecho otras minorías como las tortas y maricas, los queer, entre otros. Contreras se define como feminista y militante por la diversidad corporal, y en 2016 coeditó un libro sobre activismo gordo junto a Nicolás Cuello: Cuerpos sin patrones. Resistencias desde las geografías desmesuradas de la carne.

Enunciarse como gordo es activismo“, dice la militante Charlotte Cooper. Para Calderón Vargas, el activismo gordo tiende a ser representado principalmente por mujeres occidentales, sin embargo ha tomado auge en contextos latinoamericanos desde movimientos de mujeres, por lo que muchas de las aportaciones de este activismo responde de manera casi exclusiva a mujeres o población no heterosexual. 

La imagen simbólica de las personas delgadas se asocia al autocontrol y la responsabilidad, pero que a la vez esto se contradice con la necesidad de una economía de la bulimia que nos exige que consumamos de manera desaforada. Esta economía se inserta, además, en una cultura de la anorexia que vigila que nuestros cuerpos no excedan el peso normalizado. Así, el atracón aparece como una metáfora de la lógica de consumo, por ejemplo, cuando vemos modelos extremadamente delgadas comiendo una hamburguesa Triple Mac en televisión”, explica sobre la construcción de la heteronorma la profesora de Ciencias Sociales e impulsora del Activismo Gordo, Julie Guthman.

La comunicadora Luciana Vartabedian Frangella comenta que la emergencia del Activismo Gordo consolida una comunidad político-afectiva de resistencia donde la validez de los cuerpos es total y la aceptación es el objetivo final en tanto todos son dignos de vivir sus cuerpos con comodidad, como así también de ser sujeto/objeto de deseo. El Activismo Gordo es aún muy incipiente, pero trata de repensar críticamente aquellas cosas afianzadas como verdades con el fin de generar condiciones en las que esos cuerpos castigados puedan reaparecer en el espacio público de manera legítima.

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