CINE Y GÉNERO: UNA LUCHA DE IDEALES

Por Tomás Cebral, Luciana Vexina e Inés Kremer

Yalitza Aparicio, María Luisa Bemberg, Margot Benacerraf y Tatiana Huezo son algunos de los nombres de mujeres que más resuenan en la industria del cine latinoamericano, donde cada una tiene una historia distinta para contar. ¿Por qué es importante que el feminismo y el cine se unan bajo una misma causa? ¿Qué cambios sufrió la cinematografía a medida que las mujeres comenzaron a ocupar un lugar importante en ella?

En una industria donde, por muchas décadas, predominó el género masculino no solo en el rol del director, sino también produciendo y guionando filmes, las mujeres se han abierto camino en el último tiempo, buscando llegar al público desde un lugar distintivo y, en algunos casos, con películas cargadas de mensajes sociales y protesta. En su texto Cine Latinoamericano de Mujeres: Memoria e Identidad, la investigadora y antropóloga mexicana Patricia Torres San Martín expone: “Es necesario destacar la noción de autoría femenina como una categoría de diferencia, que pueda reflejar un intento por mediatizar la construcción social de género, dentro de un entorno histórico-cinematográfico”.

La antropóloga Patricia Torres San Martín, autora de Cine Latinoamericano de Mujeres: Memoria e Identidad,

Pero para entender estos avances en cuanto al rol femenino en la industria, cabe destacar las investigaciones de Mary Ann Doane, una profesora estadounidense y pionera del estudio de los géneros en el cine. Ella desarrolló un estudio acerca del cine de mujer, un género que creció durante la primera mitad del siglo pasado, al mismo tiempo que lo hacía la industria cinematográfica, cuando las primeras producciones, las cuales eran mudas, comenzaron a surgir. El cine de mujer, plantea la autora, aparece en el cine de Hollywood, teniendo una máxima concentración en las décadas de los 30 y 40, finalizando en la década de los 60. Estas producciones estaban destinadas a una audiencia femenina, ya que plasmaban sus deseos y la mirada del mundo, sus puntos de vista. Además, las mujeres mismas solían ser las protagonistas de las historias, y eran ellas quienes, en muchos casos, tenían privilegios que, en la realidad, sólo los tenían los hombres.

Yalitza Paricio, una de las directoras latinoamericanas de mayor éxito
Yalitza Aparicio, una de las actrices latinoamericanas del momento

Es que, a lo largo de los años y desde los inicios de la industria, se ha tendido a invisibilizar  y, si se quiere, a mostrar cierta dependencia por parte de las mujeres, cuestiones que fueron evolucionando a medida que la misma sociedad lo hacía. Hoy en día, puede verse más participación femenina en la cinematografía, no solo ocupando los roles que antes ocupaban los varones, sino también en los enfoques de las producciones, en los conflictos y las formas de plantear el mundo. Esto abrió la posibilidad, además, de criticar la postura patriarcal y la repetición de estructuras que se mantenían, y romper con los estereotipos de mujer “heroína”, “malvada” u objeto de deseo (“mujer fetiche”) que aparecían  en las representaciones cinematográficas.

Hacia los años 80, comenzó una etapa en el cine feminista que estaría caracterizada por la lucha de las mujeres por la auto-reivindicación de sus figuras y quehaceres, en un contexto mundial que aún resultaba difícil. El machismo, representado en las bandas glam que cosificaban a la mujer a partir de videos en los que únicamente se las veía como un objeto, estaba en auge. Pero así también había comenzado la revolución musical: la cantante  Joan Jett aparecía en la escena del rock para decir “basta” a dichos estereotipos. De este modo, las directoras de cine no pasaron desapercibidas, y entendieron el contexto que se avecinaba.

Según un informe del sitio web NUSO, los números reflejaron la realidad del cine feminista:  en México y en Brasíl debutaron 12 cineastas en largometrajes de ficción; mientras que en Argentina incursionaron 14 nuevos talentos.

Hoy, a casi dos décadas de aquel entonces, las mujeres que forman parte de la industria son tantas que no se alcanza a contarlas con los dedos (de cientos de manos). Las realizadoras independientes, que continúan en la lucha por la reivindicación femenina, son cada vez más. Y para orgullo Latinoamericano, las hay en todo el continente

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